antologia canto a un prisionero
La poesía sigue siendo comprometida. Específicamente la poesía en lengua castellana, y especialmente en América Latina. Y los poetas. Y eso no tiene esencialmente que ver con los estilos, que en este libro ofrecen una gran variedad. Lo que sí abunda es la intención de tematizar las luchas sociales, el sufrimiento de los pueblos, la utopía por venir, el sentimiento o estado de ánimo de los diferentes emisores poéticos frente a la situación de los prisioneros políticos y la sociedad en Turquía, de manera accesible a las masas del mundo, o por lo menos al público más amplio posible que esté en nuestras manos, por nuestro idioma y la difusión de nuestros textos. De eso se trata básicamente en el caso de este libro, pero no se cae en el cliché ni el tremendismo, que para muchos detractores son los abismos que se abren a cada lado del estrecho camino que recorre la poesía comprometida. Lo que está presente a través de las variadas formas es la intención de transmitir un mensaje lírico o representativo, a veces claro e inmediatamente accesible, pero no siempre, ya que eso no es la única posibilidad del compromiso, ni en términos del texto resultante ni de los poetas, que a la postre y haciendo la salvedad todas las mediaciones de percepción, presuposición, convención y mercado, sigue siendo la figura que nos ‘habla’ desde atrás de cada texto, como a lectores o público.
Frente a la variedad por así decir formal de esta antología, hay que recordar el izquierdismo de César Vallejo, en el Perú, el progresismo de Huidobro y las convicciones marxistas revolucionarias de De Rokha, en el ámbito chileno, para no recurrir nuevamente al importantísimo y frecuentemente usado nombre de Neruda, todos autores vanguardistas antes o después, es decir que consideraban al menos como parte de su quehacer poético la exploración lingüística, el hacer retroceder los límites de lo posible en la expresión poética escrita. Eso para decir que esta antología, Canto par! a un prisionero, además del evidente contenido ético moral de su intento de mostrar al mundo, no está reducida a lo que podría denominarse tradicionalmente ‘poesía comprometida’, sino que presenta un abanico temático.
En el poema Contravía, de Adolfo León Córdoba Narváez , este lector recorre las imágenes en sucesión que aluden a un estado de cosas lúgubre, un reino de la amenaza y la precariedad en que “Es casi un milagro el amanecer”.
La opresión se hace universal (humana) en este breve poema de Alejandra Ziebrecht,
Preludio:
El silencio es un duelo colectivo en el que todos soñamos ser libres a pesar de los pies clavados al madero
En Mi familia de Alejandro Faus Avella, los oprimidos/rebeldes son una vasta familia solidaria y desperdigada; Alfredo Lavergne declara que “todos nuestros muertos son poesía”, estableciendo el vínculo entre esta poesía, esta antología que estamos leyendo y la lucha de los pueblos (poema La ! inmensa memoria de la boca). El silencio culpable del testigo atemoriz ado o acomodaticio se hace sentir en la composición ‘nn’, de Amado Lascar:
La tumba del oprimido está en la mente de los que callan
La consustancialidad entre víctima y victimario, que después de todo y pese a la despersonalización con valencias opuestas en cada caso, se trata de hombres, de seres humanos que dan o reciben el padecimiento, se expresa en Ozlem, de Antonio Álvarez Bürger:
Hoy, después de tantos muertos, Ozlem, quisiera ver el rostro de tu torturador Dicen que se ve igual que tú y que yo Dicen que es de carne y hueso Que, como nosotros, envejece Que tiene sangre en las venas y que también se muere, como nosotros.
En el poeta Hans Schuster se dilata la categoría o clase de los excluidos, marginados o eliminados por el o los sistemas, hasta abarcar a gente perseguida por su religión, a indígenas, inmigrantes, conscriptos forzados a combatir, minorías sexuales, grupos que se pueden ir dilatando en etcéteras a med! ida que el sistema en su dinámica los margina o destruye. (Poema La memoria del perseguido).
La condición de la opresión se puede dar en Turquía. La asunción de la misma por el poeta no puede producirse sino teniendo como trasfondo la utopía de la libertad universal. En un poema dedicado al militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria chileno Jécar Neghme, asesinado en los últimos días de la dictadura, Bernardo González Koppmann nos dice
Quisiera un país sin propiedad privada salvo la imprescindible para celebrar los ritos cotidianos: lavar la ropa, comer, hacer el amor de vez en cuando un país posible al alcance de la mano
Utopía que si bien podría necesitar un poder orientador, es irrealizable si carece de un fondo ético interpersonal a nivel de los diversos individuos en sus relaciones mutuas, como lo expresa Ernesto Cardenal en su salmo 1:
Bienaventurado el hombre que no espía a su hermano Ni delata a su compañero! de colegio
La misma universalidad y hermandad humanas en l a opresión de que hablábamos antes queda de manifiesto en el poema Censura, de Borja Menéndez:
Rezuman paz las malas hierbas cortadas Los presidiarios quieren mal al país Hoy es Ankara, ayer fue Madrid Chile, Alemania, Turquía o España
Y también en Emanuel Alvarado, cuando afirma:
queremos que tú compartas la equidad para que no se repitan ni Auswitch, ni Tlatelolco, ni Afganistán
así como en El espejo del hombre de Gabriel Impaglione:
El espejo del hombre roto en diez mil pedazos
se hunde en el rojo fango de las cárceles
en sus cuentas de luz se miran los verdugos
(Poema Turquía, bajo la sombra que te oculta), en que otra vez se nos dice que la tortura y el padecimiento que se infringe de alguna manera también compromete la humanidad del torturador.
En Gerardo Moctezuma se retoma este hilo de la hermandad de los condenados
Yo también estuve en Auswichz, en el campo de conc! entración nazi; yo también fui estudiante asesinado por los militares mexicanos allá en Tlatelolco;
(Poema Yo también)
Entonces vemos que la condición de posibilidad de esta antología es que la literatura, y en este caso y quizás sobre todo la poesía, tienen efecto sobre la realidad, que pueden enfocar la atención, despertar la conciencia de un público, mostrar y denunciar mediante la re-presentación. Siendo así, la escritura puede convertirse en un cierto tipo de militancia, en casos extremos en un apostolado. El poeta es potencialmente peligroso, quizás para todo sistema, como lo expresa César Bisso en su poema El círculo:
La mano tiernamente abierta sobre la página del libro causa más espanto que la sombra del verdugo
El escritor o poeta siente esa solidaridad, empatía, identificación, como quiera llamársela y la asume y manifiesta. El poeta es el testigo, y en este mundo también es o ha sido potencial o efectivamente víct! ima, como en el poema de Isabel Liphtay Yo estoy aquí:
Yo estoy aquí escribiendo un poema mientras a ti te sacan la cresta como antes a nosotros nos la sacaron
La tarea de escribir, el texto publicado y circulando no es banal. El poeta puede haber sido militante, como Roque Dalton. Puede morir por ser poeta y dejar que la concepción de mundo rebase de sus textos a su persona y su accionar, como en Miguel Hernández.
Porque la supuesta autonomía de la obra literaria, su descontextualización, tan cara por ejemplo para el estructuralismo, es una realidad una acentuación de su carácter de mercancía, de su calidad, que también posee, de ser un objeto independiente en el mercado, de un ser-para-la venta, si pudiéramos parodiar a Heidegger y agregar otra categoría de entes al ‘ser-a-la-mano’ y el-ser-ante-los-ojos’. Esta concepción descarta las conexiones y referencias sociales de la obra de arte y enfatiza exclusivamente la liberación de la obra de su productor y la independencia contextual necesaria para su trasla! do y comercialización.
Quizás a algunos les parezca exagerada esta presentación de trozos de poemas, pero es mejor que ellos hablen y que uno comente. Lo que pasa es que a medida que se lee esta antología, se va descubriendo una especie de intertexto, o metatexto, o hipertexto (dejo a los especialistas la definición) que, dada la muestra incluida aquí, de “casi un centenar de poeta desde Canadá hasta las remotas islas del archipiélago de Chiloé, así como de España misma”, según la autora del prólogo Virginia Vidal, se puede considerar representativo de o aplicable a, la poesía hispanoamericana. Dejando al lado la forma de la expresión, que puede ser variada, pero que dada la calidad de la gran mayoría de los textos antologados logra su objetivo, tenemos presente el tema de la solidaridad; la de los oprimidos, los marginales, los esperanzados en un futuro para muchos utópico, pero que logros como éste, y los mismos medios que estamos usando para difundir esta nota, mu! estran que es tan alcanzable como posible. El tema del carácter re-pre sentativo, testimonial de la poesía, entre todas las formas literarias, la insinuación de que el escritor tiene un deber, el deber del compromiso, que la asunción del mismo no le es ajena y que puede acarrearle consecuencias, que la expresión escrita es un peligro para los regímenes autoritarios, que la persecución y el padecimiento de un ser humano o de un grupo de alguna manera nos compromete a todos. La Turquía, la denuncia y mostración de lo que ocurre al interior de sus fronteras es así un foco que se desparrama de lo particular a lo universal. Turquía está en Turquía pero a la vez en todos nuestros países y a lo mejor en cada uno de nosotros.
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| La cita Trunca. ed. Jorge Etcheverry. Ottawa: Editorial Poetas Antiimperialistas de América. Apr 24, 2005 | | |
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Por lobitogabriel - 17 de Noviembre, 2005, 16:30, Categoría: lecturas
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